Consciencia y movimiento | Entrevista a Teresa Trujillo

Por Laura Sand


Conversamos con Teresa Trujillo, una de las artistas que forman parte de la muestra “Pioneras del arte de acción”, coreógrafa, y bailarina que ha fusionado varias expresiones artísticas en su producción estética.

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Contame un poco como fue que empezaste…

Yo soy de la generación que junto con Graciela (Figueroa) veníamos preparándonos en diferentes lugares y a finales de los 50 confluimos en el grupo Dalica de Elsa Vallarino. Yo creo que todo ese período nos sacudió. También en esa época venía mucha gente de afuera, José Limón y los norteamericanos que no eran rupturistas, eran bailarines. Modernizaban lo que venía, desde Isadora Duncan que se sacó las zapatillas y bailó desnuda, etc.

 No eran rupturistas de forma consciente…

Ahora recordando, no diría que yo viví una época rupturista. Yo viví una pasión de la danza. Coincidíamos en que nos gustaba bailar y nos metimos con los grandes popes que eran Martha Graham por un lado y José Limón por el otro, que llevaban adelante en Estados Unidos esta maquinaria de la ruptura de las zapatillas. Se llamaba Modern Dance. Las rupturas, poco a poco se hicieron sin darnos cuenta con lo que estábamos viviendo y comprometidas en la vida diaria.

 Fue una época con bastantes conflictos sociales…

La década del 60 fue rupturista desde lo político. Yo, viviendo en Estados Unidos y después en Europa, Graciela después se fue a Estados Unidos, muchos argentinos que también volaron para París, Jodorowsky que también estaba allí. Nos encontramos todos en les pavés, los adoquines de la calle donde levantamos todo. Pero yo siempre respeto mucho esos antecedentes; no se puede dejar de reconocer que la danza contemporánea surge de esa primera ruptura. Éramos conscientes de que queríamos hacer otras cosas. Creo que la ruptura vino con el Mayo Francés. Hicimos de todo, desde matarnos, correr, revolcarnos, ir presos. Eso fue realmente una ruptura. Eso te impedía estar en el diario vivir.

 ¿Qué buscaban?

Libertad. Estábamos en una sociedad muy aburguesada como era la francesa. París era un lugar al que llegaba gente de todos lados y fuimos muy criticados por algunos en nuestras primeras creaciones.

 ¿Se puede apreciar una evolución en la danza?

Acá hubo una gran tormenta que fue la dictadura. Ahí nos desparramamos todos de vuelta. Pero en la década del 60, antes de llegar a la dictadura, era una danza moderna porque veníamos de esos años 50 que nos daba una libertad más allá del ballet clásico, de la expresión libre. Pero recuerdo que cuando decido irme a Estados Unidos, fue porque a mí me faltaba más formación técnica, quería buscar otras cosas con la danza moderna, y la de aquí no me satisfacía. Cuando llegué a Nueva York me encontré que pululaban una cantidad de centros tan impresionantes que para mí fue un psicoanálisis en 24 horas. Porque me tragó la ciudad, en todo sentido. Fue donde viví sola por primera vez, mi primer viaje lejos y entonces viví como en una defensa, como con mucha audacia. Ahí es donde veo gente que hace cosas en la calle, en el teatro, pero sobretodo ese antecedente del hippismo.

 ¿Ahí fue que te vinculaste con las experiencias de Jodorowsky?

Yo me encuentro con Jodorowsky en el 63 en París, porque él también era muy loco y andaba por todos lados. Habíamos muchos latinos que veníamos de ciertos lugares, por ejemplo, argentinos que venían de las experiencias del Di Tella. Estaba en la comunidad que se sacudía y te arrastraba todo eso. Por lo menos para mí, fue una experiencia brutal, nos llevó un mes o dos estar en contacto con un ser superior en la locura. La experiencia que tuvimos con él (Jodorowsky) fue muy buena, muy impactante, nos llevamos muy bien desde el principio porque nos pusimos de acuerdo en todo. La participación de él era central.

 ¿Las obras estaban planificadas?

Si, aunque era caótico porque hasta hoy yo creo que Jodorowsky es un caos, pero es un caos con orden, sabe lo que quiere. Hay gente que tiene que ensayar, pero él tenía la idea y con la idea creaba. Eso me ayudó mucho a improvisar, cosa que a mí me fascinaba. Entonces la danza a mí se me empezó a volver improvisación. Porque yo tenía muchas ideas para crear; había pasado por Estados Unidos donde me golpeó toda esa movida; voy a París y me encuentro que me absorben ciertos intereses muy particulares y me hacen muy bien para mi manera de expresarme. Ahí empecé  a interactuar mucho con el objeto y con los artistas. La multidisciplina.

 Con respecto a la multidisciplina, los límites en la actualidad están muy difusos.

Los tiempos nuevos me llevaron a eso. Se mezcla tanto lo uno con lo otro que se vuelve todo difuso. Nosotros veníamos tratando de formalizar algo nuevo, distinto, complejo o multidisciplinario pero también estaba la gente más atrevida que hacía cualquier cosa. Durante todo ese tramo de experiencias en distintos lugares, voy viendo cómo se desdibuja todo. Yo no sabía por dónde agarrar. Fue un momento como de pérdida total. Cuando volví para acá en el año 85 y me acerqué al teatro, me puse a cuestionar qué era la danza contemporánea. Entonces surgió la invitación de Esperando a Godot. Fue cuerpo, palabra, monólogo, teatro, convivencia con las otras actrices. Pude plasmar todo ese equipaje que fui recogiendo y por otro lado largándolo por las ventanas.

 Pero de algo te apropiaste…

 Yo me sentía muy firme en eso…

 “Yo partí siempre de que mi cuerpo era la danza. El cuerpo es la danza.”

¿Cómo diferenciás una obra de danza de otra obra que utiliza el cuerpo?

Yo creo que todavía existe una danza moderna. Es esa danza de formaciones amplias, en las que trabajan grandes grupos en escena con temas más dramáticos. Ahora la danza contemporánea es más simple, se crea con diseños menos expresivos. Yo creo que existe la danza de la escena y depende del creador para catalogarla en lo contemporáneo o no. Hay que reconocer que en Uruguay estamos atrasados en las manifestaciones artísticas en general. Yo creo que todavía en la danza contemporánea hay mucho para experimentar.

 Vos problematizaste el tema del cuerpo acá en Uruguay.

Yo partí siempre de que mi cuerpo era la danza. El cuerpo es la danza.

“Estaba en la comunidad que se sacudía y te arrastraba todo eso. (…) fue una experiencia brutal, nos llevó un mes o dos estar en contacto con un ser superior en la locura.”

¿Cómo fue trabajar con Mario Handler?

Fue experimental. Coincidió que estábamos los dos en París. Lo encontré y le propuse hacer algo y concordamos en que íbamos a improvisar. Cada uno improvisaba.

 ¿Planearon cómo se iba a ver o cómo te ibas a mover?

No, yo le dije que estaba trabajando con tela strecht. En esa búsqueda que yo estaba haciendo en solitario, él apareció un día con la cámara Super 8 y trabajamos. Fue una linda experiencia, sobre todo por la comunicación que tuvimos.

 ¿Viste el resultado del video?

No, la película con los años se deterioró. Lo rescatamos porque Mario (Handler) tenía una copia que se digitalizó en Cinemateca Uruguaya.

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 ¿Cómo fue el proceso de trabajar en tu propio archivo y en relación al resto del material para la exposición Pioneras*?

Yo me fui al exilio y durante 12 años mi familia me guardó todo. Eso estaba dormido y Ángela (López Ruiz) me despertó. Un día me pidió ver mi archivo. Ahí empezamos a conversar. Yo pensé: ella está viendo cosas que le interesan. Ese fue el comienzo. Al abrir esa puerta fue que me di cuenta de ¡cuánto vivido, cuánto hecho! Me enganché a ordenar ese todo, a moverlo, a tratar de salvarlo. Así llegué a ordenar el material en varias carpetas y fue entonces que le dije a Carina Gobbi que tenía ganas de escribir un libro, si me acompañaba.

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 El libro Cuerpo a cuerpo: reflexiones de una artista que también forma parte de Pioneras ¿sería como un antecedente?

Ese libro empuja, sobretodo para la gente joven.

¿Te parece importante el archivo para el armado de una historia del arte contemporáneo, de género, y de Uruguay?

Tomé conciencia de lo que es un archivo y de lo importante y necesario que es porque es la historia de la cultura en la cual nosotras nos desarrollamos. No solamente uruguaya sino latinoamericana. También tuvimos la suerte de que Isabel Gilbert escribiera maravillosamente bien y supo recoger lo que hicimos y hemos vivido. Fue muy estimulante. Creo que tomé consciencia de que no hay un buen archivo de la danza moderna y contemporánea en este país.

 Esto es un puntapié…

Para nosotros en Uruguay es importantísimo y muy valioso. Estoy muy contenta además porque es un reconocimiento.


  • “Pioneras del arte de acción” es un proyecto de investigación en proceso que se propone redibujar la caleidoscópica escena uruguaya de los años sesenta y setenta, a partir de testimonios y archivos de mujeres que han sido parte de ella. El porqué de este enfoque tiene que ver con el hecho de que la narrativa patriarcal “blureó” el aporte de estas mujeres a la historia del arte. De ahí viene la necesidad de hacer visibles los caminos transitados y las huellas que dejaron en nuestro medio. Esta etapa estará dedicada a la escena expandida, tomando como punto de partida el testimonio de dos pioneras de la danza contemporánea: Teresa Trujillo y Graciela Figueroa. Estas artistas expandieron sus prácticas al espacio público y a la constitución de lo colectivo; reconceptualizaron lo escénico desde una mirada transgresora basada en los postulados Fluxus que circulaban en las ciudades donde residían. http://www.cce.org.uy/pioneras-del-arte-de-accion-i-la-escena-expandida-19621975-con-graciela-figueroa-isabel-gilbert-y-teresa-trujillo/

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